martes, 27 de septiembre de 2011

¿Por qué la Guardia del Papa es suiza?

martes, 27 de septiembre de 2011
¿No resulta al menos llamativo que el ejército que vigila y protege un país esté compuesto completamente por hombres de un país ajeno? Pues esto es lo que ocurre en la Ciudad del Vaticano y hoy explicaremos el motivo de por qué esto es así.


Algunos autores han interpretado que el origen de la célebre Guardia Suiza se produjo cuando el Papa Sixto IV (1471-1484) con ocasión de un tratado de alianza que había celebrado con algunos cantones suizos en 1478, dato que no ha sido comprobado.
Pero sin lugar a dudas fue Julio II, el que, para cumplir su programa de gobierno, encomendó al cardenal Mateo Schinner que solicitara a los cantones suizos de Lucerna y Zurich, el envió de soldados helvéticos que por aquella época gozaban de la fama de valerosos y experimentados guerreros. Durante los días 24 y 25 de septiembre de 1505 los señores nobles pusieron a disposición de Julio II (1503-1523) y del Pontificado los soldados cristianos más destacados de sus ejércitos con el objeto de defender y proteger a los Vicarios de Cristo.

El contingente llegó a Roma el día 21 de enero de 1506 y el día 22 se creaba el cuerpo de la Guardia Pontificia compuesto por ciento cincuenta valerosos suizos al mando del capitán Gaspar von Silenen.

Instalados en Roma, la tradición indica que el Papa solicitó a Miguel Angel el diseño del vistoso uniforme que –con algunas modificaciones- utilizan hasta el día de hoy.

Durante el conflicto político entre Carlos I de España (y V de Alemania) y Francisco I de Francia por quién el Papa Clemente VII (1523-1534) tenía preferencias, se produjo un gran enfrentamiento bélico que concluyó con el “Saqueo de Roma”. El día 6 de mayo de 1527, el ejército Imperial de Carlos V, del que formaban parte unos dieciocho mil lansquenetes, muchos de ellos luteranos, toman al asalto Roma y durante semanas sometieron a saqueo la Ciudad Eterna. El terrible episodio, que se inscribe en la segunda guerra entre el emperador Carlos V y el rey francés Francisco I, marcó el fin del papado renacentista en Italia. El Pontífice Clemente VII salvó su vida al refugiarse en el castillo Sant´Angelo, pero 147 de sus guardias suizos perecieron en su defensa, mostrando al mundo el valor y la fidelidad de los suizos para con el Papa.

Pablo III (1536-1549) volvió a formarla en 1548 con 225 hombres, uno de cuyos destacamentos fue enviado por San Pío V (1566-1572) a combatir contra los turcos en Lepanto, donde consiguieron arrebatar dos banderas enemigas. Disuelta por Pío VI (1775-1799) antes de partir al exilio en 1798 y forzado a ello por Napoleón Bonaparte, Pio VII volvió a formarla en 1801 pero con un total de sólo 64 soldados. León XII (1823-1829) lo aumentó a 200 en 1824 y siguió cumpliendo la misión originaria de la defensa del Papa.

El año de 1848 fue un hito en la historia del cuerpo pontificio, ya que en aquella fecha se produjo una revolución que prendía tomar el Quirinal, actuando decididamente el ejército con el objeto de defender aquél Palacio.

El 20 de septiembre de 1870, cuando las tropas italianas invadían la Ciudad Eterna, la Guardia Suiza se reconcentró en el Vaticano dispuesta a su defensa.
La última reorganización de la Guardia Suiza la hizo S.S. Juan Pablo II el 5 de abril de 1979.

Algunas curiosidades sobre la Guardia Suiza

La bandera que identifica a la Guardia Suiza consta de cuatro campos divididos por una cruz latina en color blanco en cuyo centro se estampa el escudo de armas del capitán de la Guardia. El cuadrante superior izquierdo cuyo fondo es rojo tiene las armas del Pontífice reinante, el cuadrado superior derecho consta de cinco bandas color roja, amarilla, azul, amarilla y roja, que se repiten en el cuadrante inferior izquierdo, y en el cuadrante inferior derecho, también sobre un fondo rojo las armas del Papa Julio II. La bandera tiene una dimensión de 2,2 x 2,2 metros

Bandera Actual (2005 - ????)

Está compuesta por ciento diez soldados: cuatro de ellos son oficiales, 23 mandos intermedios, 70 alabarderos, 2 tamborileros una banda de música y un capellán. Se les entrena en procedimientos y manejo de armas modernas (como el fusil suizo SIG 550), aunque también se enseña a manejar la espada y la alabarda.

Los reclutas deben ser varones suizos de entre 19 y 30 años de edad y de fe católica. Deben superar los 174 cms de estatura, ser solteros y haber cumplido una instrucción básica en el Ejército Suizo.

La Guardia Suiza tiene sus cuarteles frente al Palacio Apostólico Pontificio y todos han prestado el juramento de fidelidad al Pontífice un 6 de mayo, aniversario de la muerte de 147 guardias suizos durante el saqueo de Roma de 1527.

Por primera vez en los casi 500 años de historia de la Guardia Suiza, ingresó el año 2003 en el cuerpo encargado de la protección del Vaticano un hombre de tez oscura. Dhani Bachmann, un joven indio adoptado por una familia suiza, fue uno de los 32 nuevos miembros del ejército más pequeño del mundo -120 soldados que fueron recibidos por el Papa Juan Pablo II, ante quien pronunciaron su juramento de fidelidad al jefe de la Iglesia católica

Dhani Bachmann

La misión que cumple la Guardia Pontifica no deja, casi, tiempo libre a los oficiales y soldados. No obstante ello desde 1975 se las han igeniado para crear el Futbol Club Guardia, que juega partidos amistosos con la escuadra de futbol suiza y otros equipos –sobretodo militares- de italia y Europa.

Nota publicada en el semanario católico Cristo Hoy (Argentina)
Artículo escrito por: 
FÉLIX ALBERTO MONTILLA ZAVALÍA
Abogado. Profesor de Derecho Canónico en la Universidad Católica de Tucumán.
Post-graduado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Tucumán.



miércoles, 13 de abril de 2011

La curiosa historia de los cónclaves

miércoles, 13 de abril de 2011
El cónclave es la reunión de los cardenales de la Santa Iglesia Romana para elegir al papa. También se designa con este nombre al lugar donde tiene lugar esta reunión. El nombre de cónclave viene de la expresión latina cum clave ( con llave).

Las disposiciones sobre el cónclave están contenidas en la constitución Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II el 23 de febrero de 1996. Pero el origen del cónclave no es papal, sino, aunque pueda parecer paradójico, popular.

No fueron los electores del romano pontífice o los papas los iniciadores de esta costumbre rigurosa, sino el pueblo en uno de esos actos de coraje a los que la sabiduría popular da forma de acción. Tuvo algunos precedentes. En primer lugar está lo ocurrido en Perugia, en 1216, con ocasión de la sede vacante producida por la muerte de Inocencio III y ante la indecisión de los cardenales para nombrar papa, el pueblo encerró bajo llave a los 19 cardenales en el Palacio Pontificio obligándoles a ponerse de acuerdo lo más pronto posible. El encierro surtió el efecto deseado: en poco tiempo, la Iglesia tenía un nuevo papa en la persona de Honorio III.

La experiencia se repite en 1241 al morir Gregorio IX cuando los romanos encierran a los cardenales en la famosa fortaleza de Septimio Severo, después de dos meses de sede vacante. Los diez cardenales, pronto, coinciden en la elección de Celestino IV, que moriría sólo 18 días después.

El 29 de noviembre de 1269 murió Clemente IV, francés de nacimiento. Hasta la elección de su sucesor pasarán casi tres años: el período más largo de sede vacante en la historia de la Iglesia. Y podría haber durado más si no es por la intervención decisiva del pueblo de Viterbo, que origina, en sentido estricto, el nacimiento de la institución del cónclave.

En Viterbo se reunieron 18 cardenales para elegir papa, pero no se ponían de acuerdo. El pueblo se impacientó y decidió acelerar la elección con los medios que tenía a su alcance. A la cabeza de los fieles estaba san Buenaventura, y la decisión popular no se hizo esperar: encerrar cum clave a los cardenales hasta que haya papa. Se tapiaron las paredes y las puertas. Y el pueblo se quedó a la espera del anuncio de la elección.

Pasaron aún dos meses, y el pueblo tomó nuevas medidas: racionar la comida a los conclavistas. Ni por esas. Pero el pueblo llegó a más: en pleno invierno, quitaron el techo de la sala en la que los cardenales se reunían para la elección. No se sabe si fue el hambre, o el frío, o el miedo a que los de Viterbo cumplieran sus amenazas -o las tres cosas juntas- lo que aceleró la elección del papa. Lo cierto es que la Iglesia -y con ella los audaces ciudadanos de Viterbo- tuvieron un papa que se llamó Gregorio X. Éste, que sería beatificado por la Iglesia, por medio de la constitución Ubi periculum, ordenó que la elección del papa se hiciera siempre en cónclave.

Diversos papas dieron normas sobre el cónclave. Algunas regulaciones resaltaban la necesidad de que, para acelerar el proceso de elección, las condiciones en el cónclave fueran lo más incómodas posibles. Según lo dispuesto por Juan Pablo II, durante el cónclave, los cardenales electores residirían en llamada Domus Sanctae Marthae, sin las estrecheces e incomodidades de épocas pasadas.

Esta entrada fue publicada en Historia de los Papas



martes, 29 de junio de 2010

Miguel Ángel: Del boicot a la Divinidad

martes, 29 de junio de 2010
Si hablamos de Miguel Ángel a la gente seguramente le venga a la cabeza mágnificas obras como La Piedad, el David y sobre todo, el fresco de la Capilla Sixtina. Pues bien, ésta última no hubiera sido posible si Miguel Ángel no hubiera sido víctima de un intento de boicot por parte de sus competidores de la época Rafael y Donato Bramante.

Corrían los primeros años del siglo XVI cuando un joven Miguel Ángel ya empezaba a ganarse la admiración de todos por su faceta de arquitecto y escultor. Tanta admiración levantaba que algunos compañeros de profesión comenzaron a sentirse algo celosos y cambiaron la admiración por rencor.

Dos grandes personajes de la época que necesitan poca introducción, como el pintor Rafael y el famoso arquitecto Bramante, creador de la Capilla Sixtina en sí misma, intentaron realizar una jugada al joven escultor para que tuviera un pequeño fracaso y no se le mitificase.

Para ello, negociaron con el Papa de la época, Papa Julio II para que convenciese a Miguel Ángel para pintar y decorar el interior de la monumental Capilla Sixtina. Era bien sabido en ese tiempo que Miguel Ángel se sentía muy cómodo con la escultura y arquitectura pero que no se consideraba a sí mismo como buen pintor, por lo que al recibir la oferta, la denegó. Tras ser presionado varias veces por el Papa, tuvo finalmente que aceptar el encargo, lo que hizo que Rafael y Bramante se frotaran las manos. Habían conseguido su propósito y era cuestión de tiempo que Miguel Ángel se rindiese ante semejante obra y su popularidad bajase tremendamente.

Como bien sabéis esto no ocurrió, como buen perfeccionista, Miguel Ángel no permitió a nadie observar su obra a medio finalizar, incluso le molestaba las esporádicas visitas que realizaba el Papa para darle consejos sobre ciertos aspectos. Pero el peor momento estaba por llegar, ya que Bramante, utilizando su papel de arquitecto de la obra, consiguió un permiso del propio Papa para poder visitar a Miguel Ángel junto a su amigo Rafael, lo que suspuso en Miguel Ángel un gran sentimiento de odio y rencor hacía el arquitecto y el pintor. Pero lo que se encontraron en el interior no fue precisamente lo que esperaban. Al ingresar en la capilla, y estudiar los frescos a medio terminar, Rafael quedó tan maravillado, que al retomar su obra en la que estaba trabajando, la famosa Escuela de Atenas en la Stanza della Segnatura, dio tributo a Miguel Ángel incluyéndolo como pieza central en la obra.

Cuatro años empleó Miguel Ángel para crear la que se puede considerar una de las obras artísticas más bellas y reconocibles de la historia, y, que lejos de ser un fracaso como pretendían sus "compañeros", le hicieron ganarse el sobrenombre de "El Divino".




 
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