domingo, 22 de agosto de 2010

¿Por qué se conoce a Nueva York como "la Gran Manzana"?

domingo, 22 de agosto de 2010

Aunque os parezca muy extraño, la relación de la ciudad de Nueva York con el término de "Gran Manzana" proviene de...¡Las carreras de caballos!

Para llegar hasta esta conclusión, debemos introducir a un personaje, Barry Popik, un neoyorkino nacido en 1961 que realizó un trabajo ampliamente aclamado sobre la etimología del término: "La Gran Manzana".

Anteriormente, se creía que esta expresión procedía de los años 30, y había sido creada por los músicos de jazz, para los cuales tocar en Nueva York suponía su máximo objetivo por lo que siempre repetían:

"Son muchas las manzanas que tiene el árbol del éxito, pero Nueva York es la Gran Manzana".

Pero Barry Popik con su investigación demostró que la expresión provenía de varios años atrás.

Popik descubrió, que el primer personaje que mencionó públicamente el término de "Gran Manzana" fue Jhon J. Fitz Gerald, un escritor de carreras de caballos que trabajaba para el New York Morning Telegraph.

Revisando todas las ediciones del Telegraph desde 1919 hasta 1929, encontró que Fitz Gerald había utilizado por primera vez la frase en 1921 y que la mencionó con frecuenca a partir de entonces.

En 18 de febrero de 1924 publicó un famoso artículo denominado "Alrededor de la Gran Manzana":

La Gran Manzana. El sueño de todo mozo de cuadras que haya montado un purasangre y la gran meta de todos los jinetes. Solo hay una gran manzana. Y esa es Nueva York.
Fritz Gerald comentó que había oído por primera vez la frase en un viaje a Nueva Orleans en 1920 donde unos mozos de cuadra utilizaban esta expresión refiriéndose al hipódromo de Nueva York, al que consideraban como el sumum de los hipódromos.
Dos manos oscuras de cuadra guiaban un par de purasangres alrededor de áreas de calentamiento de cuadras adyacentes en Fair Grounds, Nueva Orleáns inmersos en una conversación discontinuada.
"¿Hacia donde partes?" pregunta uno.
"De aquí nos dirigimos a la Gran Manzana," responde el otro de forma orgullosa.
"Sí, pues casi mejor que comiences a dar de comer a esos esqueléticos porque sino lo único que te vas a llevar de la manzana serán las pepitas" fue la aguda réplica instantánea.

Resumiendo, Fritz Gerald no fue el inventor de la expresión, pero si el causante de que se extendiera por todo Estados Unidos.

No fue hasta 1971, cuando este sobrenombre se hizo famoso en el resto del mundo por una campaña turística que realizó la ciudad.

Fuentes:



lunes, 16 de agosto de 2010

El origen de los caballos purasangre

lunes, 16 de agosto de 2010
Fruto de una meticulosa selección, un caballo purasangre debe tener por lo menos un antepasado común entre los 3 sementales a los que se considera fundadores de la raza.

Todo empezó en Inglaterra a finales del siglo XVII. En esa época, las primeras carreras de caballos levantaban pasiones. Los británicos se volcaban en esa nueva disciplina que combina hábilmente el tecnicismo del deporte con la magia del espectáculo, y todo ello en un ambiente propicio para la frivolidad mundana, a la exhibición de la fortuna y al incentivo de una ganancia fácil. Criadores, aristócratas y apostantes olieron el filón. Pero para que el espectáculo fuera rentable, convenía mejorar sin cesar la calidad de los animales que competían. El objetivo era correr cada vez más deprisa con caballos a la vez más ligeros y potentes.

Desde hacía varias décadas, los ingleses ya habían empezado a mejorar algunas razas locales importando reproductores orientales. Sin embargo, la explosión de las carreras desembocó en un proceso riguroso. Los metódicos criadores británicos seleccionaron a los mejores elementos de su propia cabaña y después los cruzaron con caballos de raza árabe, que eran más finos y a la vez más resistentes. Los tres sementales orientales que constituyen la base de esa nueva raza de caballos llamados purasangre fueron importados hacia Gran Bretaña entre 1683 y 1728 y se llamaban Byerley Turk, Darley Arabian y Godolphin Arabian.

Desde entonces, a principios del siglo XVIII, dejaron de utilizar la aportación de los sementales árabes que habían contribuido a estabilizar la raza. Los productos de los sucesivos cruces se cruzaron entre sí para dar lugar a caballos cuyos descendientes serían los más rápidos del mundo. Pero la efervescencia se adueñó de las cuadras y hubo que reglamentar con precisión el proceso que certificaba la pertenencia a la raza purasangre, lo que los ingleses denominaron thoroughbred, es decir, criados en la pureza.

Los datos relativos a los orígenes de la nueva raza se recogieron en un registro oficial por primera vez en 1808, en el célebre General Stud Book.

Un caballo purasangre debe ser hijo de un padre y una madre certificados ambos como thoroughbred. Creada para la carrera, lisa o de obstáculos, la raza purasangre triunfa en los hipódromos de todo el mundo. Algunos raros ejemplares se distinguen en otras especialidades, como la doma o los concursos hípicos, dos disciplinas en las que estos caballos no suelen brillar por su fragilidad nerviosa e incluso por una gran inestabilidad debida a los cruces entre consanguíneos.



 
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