lunes, 18 de junio de 2012

Curta: La primera calculadora de mano

lunes, 18 de junio de 2012

Acostumbrados a las calculadoras digitales y a los ordenadores parece increíble que un ingenio mecánico que se maneja con una mano pudiera hacer cálculos tan asombrosos como los que hacía (y hace) la curta, una verdadera maravilla mecánica.

Hoy son objeto de coleccionismo, cosa totalmente merecida dada la calidad con la que fueron construidos estos ingenios mecánicos de cálculo. En la época en que las calculadoras eran como armarios y, como mucho, los ingenieros recurrían a las reglas de cálculo como único elemento más o menos portátil, la curta vino a revolucionar todas aquellas actividades en las que hacía falta calcular con precisión.

No sabía nada de esta máquina hasta que Investigación y Ciencia publicó un artículo sobre ella. Es digna de admiración, tanto por su esmerada mecánica como por la historia de su concepción y construcción. Totalmente mecánica, sin pilas ni enchufes, analógica si se quiere decir así, la curta fue diseñada hasta su más íntimo detalle por Curt Herzstark (1902-1988). Este ingeniero dedicó su vida a las calculadoras mecánicas, la cosa le venía de tradición familiar, marcándose el reto de construir esta pequeña joya en plena Segunda Guerra Mundial, cuando era perseguido por los nazis a causa de su origen semítico. Desde pequeño se había sentido entusiasmado por lograr solucionar el gran problema de las calculadoras de entonces: su gigantesco tamaño. Todos los profesionales necesitados de cálculos complejos o tediosos soñaban con una máquina funcional y pequeña. Confinado en un campo de concentración austriaco, Herzstark sobrevivió gracias a su dominio de la técnica en construcción de pequeñas piezas de precisión, algo que los nazis encontraron muy útil. En medio de las penalidades logró concebir y dibujar los planos de la máquina soñada. Terminada la guerra, con ayuda de algunos inversores locales, comenzó a fabricar la primera calculadora verdaderamente de bolsillo.

Se trata de un ingenio admirable, totalmente mecánico, compuesto de cientos de piezas sabiamente ensamblados y muy pequeño, apenas diez centímetros de altura. Es capaz de realizar sumas, restas, productos y divisiones con una precisión asombrosa que llega a superar a algunos modelos de calculadora electrónica de nuestros días.

Funcionamiento

Los números eran introducidos usando deslizadores en el lado del dispositivo (un deslizador por dígito). El contador de revolución y el contador de resultado estaban en la tapa. Una sola vuelta de la manivela agregaría el número de la entrada al contador de resultado, en cualquier posición, y en consecuencia, incrementaría el contador de revolución. Tirar de la manivela levemente hacia fuera antes de darle vuelta realizaría una sustracción en vez de una adición. La multiplicación, la división, y otras funciones requirieron una serie de operaciones de la manivela.

Desde los años setenta ya no se fabrican. Sin embargo, existe un importante mercado de coleccionistas y una legión de admiradores que han hecho entrar a la curta en el cielo de las calculadoras.

Fuente:
La curiosa historia de la primera calculadora de mano
330 - MARZO 2004
Stoll, Cliff




viernes, 8 de abril de 2011

¿IV ó IIII?: Relojes con numeración romana

viernes, 8 de abril de 2011
No se si debo ser de los pocos que me he tirado toda la vida mirando el reloj de la puerta del Sol de Madrid cada Nochevieja y no me había percatado del "error" o "no error" del número 4 romano que aparece como IIII y no como el IV que todos conocemos y nos enseñaron. Por lo que parece, es una regla general de todos los relojes con ese tipo de numeración, aunque como en todas las reglas existen sus excepciones. ¿A qué se debe este cambio?

Existen distintas teorías sobre el porqué de la utilización de la cifra romana IIII en vez de IV. En la parte izquierda de la esfera, a la altura del IIII se sitúa la cifra VIII, que normalmente se realiza mediante cuatro trazos gruesos y uno fino. La cifra VIII es por lo tanto la que más abulta en la esfera. La simetría de ésta queda descompensada si se utiliza el IV, que normalmente se realiza con dos trazos gruesos y uno fino. La cifra IIII se utilizaría por tanto por razones estéticas, de simetría de la esfera. 

Otro argumento apunta la conveniencia adicional de utilizar el IIII ya que de esta manera una esfera necesita 20 I, 4 V y 4 X, un número par de cada una. En el proceso de construcción de las cifras, los moldes utilizados producirían a cada lado de una varilla central 10 I, 2 V y 2 X , lo cual era sin duda conveniente para la simplificación del proceso de fabricación. 

Otra teoría explica que la razón por la cual no se utilizaría la cifra IV sería por respeto al dios romano Júpiter, que en latín empieza por IV (JU). Esto tendría su origen en los días lejanos de los relojes de Sol. Aunque es una teoría extraña, la verdad es que prácticamente ningún reloj de Sol construido antes del s.XIX tiene el IV, siempre el IIII. 

Hay que destacar que el IIII no solo se encuentra en las esferas de los relojes. Los estudiosos de las antiguas inscripciones romanas en diversos monumentos de mármol, etc, han constatado que la forma IIII se empleaba de manera usual. La utilización del IIII en las esferas de los relojes no sería más que una aplicación de esa forma común. 

En todo caso la utilización de la forma IIII ha continuado de manera predominante hasta nuestros días, en lo que respecta a los relojes con numeración romana, aunque se pueden citar ilustres excepciones a la regla, como el mundialmente famoso reloj de la Torre del Parlamento de Londres, que usa el IV, como vemos en la siguiente imagen:


o el maravilloso reloj del Parlamento de Praga, que también lo hace con la numeración clásica:


Muchas gracias J.J. Asensio por ofrecernos este tema para retomar Ballesterismo.

Fuentes:
http://www.todoexpertos.com
http://monica-bevia.blogspot.com




miércoles, 22 de diciembre de 2010

Lotería de Navidad: Un breve repaso a su historia

miércoles, 22 de diciembre de 2010
Casi 200 años, varias guerras devastadoras, unas cuantas crisis económicas, cambios de moneda, repúblicas, monarquías, dictaduras, democracias… todo ha superado la Lotería de Navidad desde que comenzara a celebrarse (bajo la denominación de «Lotería Moderna») en 1812, en plena Guerra de Independencia. Según su impulsor, el ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciriaco González Carvajal, el objetivo era «aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes».

España sufría entonces una de las peores crisis de su historia contemporánea: las hambrunas de 1808 y 1812, unido a los enfrentamientos con los franceses y las epidemias, produjeron a lo largo de la guerra unas pérdidas económicas gigantescas y un descenso demográfico de entre 560.000 y 885.000 habitantes, en una población que apenas superaba los 10 millones. Y lo peor de todo, el Gobierno aún necesitaría dinero para seguir asumiendo los elevados gastos militares hasta el final de la guerra, en 1814.
En esta coyuntura de crisis se celebró el primer sorteo navideño, el 18 de diciembre de 1812, en Cádiz, a través de papeletas con los números impresos. Y el primer «gordo», dotado de 8.000 reales, se lo llevó un españolito de a pie tras gastarse sólo 40 en el número 03604. Era la primera vez que la Lotería de Navidad «escogía» a su afortunado, tras cuatro años de penurias y combates, y poco después de la importante victoria en Arapiles y la salida definitiva de los franceses de Andalucía.

Esto progresiva retirada de las tropas napoleónicas hizo que la Lotería, circunscrita en principio a Cádiz y San Fernando, se implantara después en Ceuta y más tarde en toda la comunidad andaluza, instalándose finalmente en Madrid en 1814, ya con el sistema de bombos y bolas establecido un año antes.

Nunca han faltado desde entonces los españoles a su cita con la (mala) suerte en Navidad, comprando cada vez más décimos (en 1832 ya se emitían 12.000 números), hasta el punto de que los bombos metálicos –vigentes desde 1850– llevan cada año a la Administración, ante la imposibilidad de introducir más bolas en ellos, a ampliar las series correspondientes a cada número.

Para terminar, os dejo un curioso enlace que muestra la Evolución de cómo ha cambiado con el paso de los años el hecho de ganar la Lotería.




 
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