lunes, 25 de octubre de 2010

Volviendo a nacer: La historia de los desfibriladores

lunes, 25 de octubre de 2010
Después de escuchar esta mañana que un jugador de fútbol cayó ayer desplomado mientras disputaba un partido y que salvó la vida gracias a la rápida actuación médica pero sobre todo, a la disponibilidad en el mismo estadio de un desfibrilador, mi amigo y yo (tan curiosos como siempre) nos hemos preguntado por la primera vez que se usó este tipo de aparatos que a tantas personas les ha dado una segunda oportunidad. He aquí su historia...

El concepto de desfibrilación eléctrica fue acuñado en 1899 por Prevost y Batelli, después de notar que grandes voltajes aplicados a través del corazón de un animal podían poner fin a la fibrilación ventricular. 

Hooker, Kouwenhoven y Langworthy realizaron varios estudios, financiados por la industria eléctrica que estaba interesada en patrocinar estos estudios puesto que sus trabajadores se exponían a gran riesgo de muerte por descarga eléctrica de alto voltaje; en 1933 publicaron un informe de desfibrilación interna exitosa aplicando corriente alterna a un animal. El primer reporte de una desfibrilación exitosa en un humano lo realizó Claude Beck en 1947, aplicando directamente 60 Hertz de corriente alterna (c.a.) en el corazón de un paciente a quien se le estaba practicando una cirugía

Kouwenhoven realizó múltiples estudios en perros, entre 1950 y 1955, aplicando desfibrilación mediante electrodos puestos en la pared torácica. En 1956, Zoll desfibriló un ser humano de la misma manera. A partir de estos trabajos, Edmark - Lown y asociados descubrieron que los desfibriladores de corriente continua (c.c.) o desfibriladores de impulso, eran más efectivos y producían menos efectos secundarios que los desfibriladores de c.a. La administración de corriente continua fue perfeccionada durante la década de 1960.

En 1967, Pantridge y Geddes reportaron un aumento en el número de pacientes que sobrevivieron a paros cardíacos extrahospitalarios, mediante el uso de una unidad móvil de cuidado coronario equipada con un desfibrilador de c.c. de alimentación por batería. Hacia 1970 fueron diseñados instrumentos experimentales internos y externos para detectar la fibrilación ventricular automáticamente. En 1979 Diack y sus colaboradores describieron la experiencia clínica y experimental con el primer desfibrilador automático externo (DEA). El primer desfibrilador interno automático se implantó en un ser humano en febrero de 1980. En ese mismo año, Weaver y asociados informaron que la iniciación rápida de RCP (Reanimación Cardiopulmonar) y desfibrilación precoz, podrían restaurar un ritmo organizado y hacer que se recuperara la conciencia, a pacientes que sufrían paros cardíacos fuera del hospital. También en 1980, Eisenberg y Copass publicaron un aumento en la tasa de supervivencia de pacientes con paros cardíacos desfibrilados por Técnicos Médicos de Urgencias (TME) especialmente capacitados, comparada con la de pacientes que recibieron el tratamiento usual y rutinario, que incluía RCP y transporte al hospital.

Las máximas tasas de reanimación por desfibrilación se han obtenido cuando el paro ha sido presenciado y/o la desfibrilación se realiza en el término de minutos. Gracias a los DEA se han venido implementando progresos en la transición de ondas monofásicas a bifásicas, que los hace más livianos, más pequeños y especialmente más seguros y efectivos.





miércoles, 30 de junio de 2010

¿Grandes? visionarios empresariales

miércoles, 30 de junio de 2010
Qué razón tiene la frase "las oportunidades no se pierden, las aprovechan otros". Este lema no lo tuvieron nada claro ninguna de las personas y empresas que vamos a describir a continuación, cuando una decisión suya les supuso perder la oportunidad de su vida, pérdidas millonarias o realmente les cambió la vida...¡a otros!

El primer premio es para los cabezazos que se tuvieron que dar los ejecutivos del estudio londinense de Decca Records. John, Paul, George y Pete Best (el batería que luego fue sustituido por Ringo Star) viajaron varios kilómetros desde su Liverpool natal para cantar 15 canciones en una audición con la casa disquera. Pero los ejecutivos de Decca no se impactaron. Es más, estaban seguros de que en aquella época un cuarteto no tendría futuro y que grupos de Rock con guitarras estarían en breve pasados de moda. Los Beatles y la historia se encargaron de demostrarles su error.

El segundo premio y no por ello menos escalofriante, es para el laboratorio de la compañía Xerox. Corría la década de los 70 cuando, en su laboratorio de Palo Alto, California, contaban con una máquina con un mouse cuya pantalla contenía íconos que permitía realizar funciones cuando se hacía clicks en ellos. Su nombre era Alta y era un computador personal desarrollado años antes que cualquier máquina similiar de Apple, IBM, etc. ¿El problema? Nunca abandonó el laboratorio de Xerox por un tema de prioridades en el cuartel base, los directivos de la compañía no quisieron gastar el dinero necesario para comercializar la innovación.

Mención especial para el siguiente personaje, Ronald Wayne, para los que no le conozcan, uno de los tres fundadores de la empresa Apple en 1976 junto con Steve Jobs y Steve Wozniak. Fue quien ilustró el primer logotipo de Apple, además de redactar el manual de instrucciones de la primera máquina con la manzana, el Apple I. Tenía el 10% de las acciones de la compañia y tuvo la gran visión de saltar del barco a las dos semanas de entrar en la aventura, espantado por una mala experiencia empresarial del pasado. Se desentendió de su participación por 800 dólares. El 10% de las acciones de Apple Computers valen hoy 24.000 millones de dólares.

En el mundo de internet también ha habido grandes decisiones, y la segunda mención especial es para el caso del CEO de Yahoo, Terry Semel, que en 2001 se reunió con Larry Page y Sergey Brin de Google con la intención de comprar la compañía. Pedían cinco mil millones de dólares, pero Semel dijo que no los valía. Ahora cuesta más de 100.000 millones, pero ni siquiera está en venta.

El premio de consolación es para la gigante Coca Cola, ya que no se puede decir que le haya ido nada mal en su negocio, pero sí que también tuvieron un caso que les costó un buen pellizco. Resulta que la empresa quiso unir su marca a la pasión estadounidense por el béisbol. Con las clásicas letras en el reverso de las tapas, los consumidores debían juntar la palabra HOME RUN para canjear premios. Estratégicamente sólo unas pocas letras R debían ser producidas, pero 18.000 erres más terminaron en el interior de las botellas. El error de impresión costó más de 100.000 dólares en premios, hasta que Coca-Cola puso fin a la promoción.

Ha quedado claro que, quien no arriesga, no gana.

Fuentes:



 
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