jueves, 8 de julio de 2010

Johnnie Walker: El hombre que caminó alrededor del mundo

jueves, 8 de julio de 2010
Hoy pensaba contaros la curiosa vida de un gran hombre, Johnnie Walker, clarísimo ejemplo de ambición en la vida. Vida que se encuentra detrás de la marca más popular del mundo si de whisky escocés hablamos, pero no va a ser así o por lo menos no seré yo quien lo cuente.

He encontrado alguien que lo puede hacer mejor y de una forma más curiosa. ¿Os suena el nombre de Robert Carlyle? Seguramente si digo que es el protagonista de la genial película Full Monty muchos le pondréis ya cara.

Pues bien, se trata de un vídeo subtitulado en español, rodado en una sola toma (aunque tuvieron que realizar 40 intentos para conseguirlo), donde se explica de una forma sencilla, eficaz, y sobre todo, muy clara, la vida de la familia Walker.

Se titula igual que nuestra entrada o mejor dicho, nuestra entrada homenajea al vídeo: Johnnie Walker: El hombre que caminó alrededor del mundo. Espero que lo disfrutéis.





Fuentes:



miércoles, 7 de julio de 2010

Nuestro ojo dominante: ¿Cómo detectar cuál es?

miércoles, 7 de julio de 2010
Por si no lo conocíais, todos nosotros tenemos un ojo dominante o director, con una mayor agudeza visual, que es el encargado de dominar la visión de profundidad, mientras que el otro se encarga de la visión periférica y espacial principalmente haciendo llegar entre ambos una imagen tridimensional a nuestro cerebro.

Hay varias técnicas curiosas para saber cuál es nuestro ojo dominante. La más usada requiere únicamente una hoja de papel, un folio sería suficiente. En él, hay que realizar un orificio en su centro de unos 2 centímetros de diámetro. Debemos tomar el papel con ambas manos, colocando cada una en un extremo del mismo. Buscaremos un punto de referencia, un objeto que se encuentre a media distancia (1-1'5 metros es apropiado). Con los brazos extendidos en dirección al objeto, miraremos a través del orificio del papel con los dos ojos abiertos hasta localizar el objeto.


Posteriormente, y sin cerrar ningún ojo, iremos acercando el papel hacia la cara, sin dejar de observar el objeto. Misteriosamente, observaremos como conducimos involuntariamente el agujero del papel hacia uno de nuestros ojos, que a partir de entonces, sabremos que es nuestro ojo director o dominante. Si repitiésemos la prueba veríamos que siempre saldría el mismo resultado e incluso si quisieramos forzar la situación intentando llevar el orificio del papel al ojo contrario, en algún instante dejaríamos de ver el objeto. La siguiente imagen resume el proceso.


Este ojo es el más adecuado para una mejor observación a través de microscopios, mirillas de las cámaras fotográficas, etc.

Mi ojo dominante es el derecho, ¿Cuál es el vuestro? Intentemos abstenernos de citar cualquier otro tipo de ojos que no se encuentre en nuestro rosotro, aunque será prácticamente inevitable.

Fuente:



martes, 6 de julio de 2010

Bucear y volar en avión: El orden sí altera el producto

martes, 6 de julio de 2010
Ayer, hablando con una amiga que venía de bucear de Formentera me enteré de un hecho que me pareció muy curioso: Después de realizar una inmersión, se recomienda esperar unas 24 horas antes de coger un avión, ¿Por qué? Eso mismo me pregunté yo y decidí investigarlo.

La clave se encuentra en que el 79% del aire que respiramos es nitrógeno y, aunque no lo percibimos, este gas se encuentra disuelto en la sangre y tejidos de nuestro cuerpo. Mientras la presión atmosférica que nos rodea se mantenga sin cambios, el equilibrio entre el gas disuelto en el cuerpo y el del ambiente, permanece.

Tan pronto cambiamos la presión ambiental, ya sea ascendiendo en avión o incluso en automóvil, la presión ambiental se reduce y nuestro cuerpo responde liberando nitrógeno por medio de la respiración, debido a que nuestro cuerpo contiene mayor cantidad de este gas que al aire circundante.

Si permanecemos determinado tiempo a esta mayor altitud, llegará un momento en que nuevamente el flujo de nitrógeno se equilibre. En el sentido inverso, ocurre exactamente lo opuesto. Cuando descendemos, la presión atmosférica aumenta y el cuerpo absorbe gradualmente nitrógeno tendiendo siempre al equilibrio.

En el caso de los buzos, debido a que durante una inmersión la presión atmosférica se multiplica rápidamente y el nitrógeno se absorbe de acuerdo a dos factores: La profundidad de la inmersión y la duración de la misma

La cantidad de nitrógeno es tal, que el ascenso a la superficie debe ser muy lento y controlado, de modo que el cuerpo tenga oportunidad de liberar el nitrógeno acumulado durante el buceo.

Pero eso no es todo, una vez en superficie el cuerpo del buzo aún contiene un importante residuo de nitrógeno acumulado, y por lo tanto su situación es muy diferente a la de una persona que no haya buceado. Este residuo de nitrógeno toma varias horas en abandonar el cuerpo del buzo hasta alcanzar nuevamente su equilibrio e igualar la situación de alguien que no haya buceado.

¿Qué sucedería si un buzo recién salido del agua aborda un vuelo en jet, que aún con la cabina presurizada tiene una presión ambiental menor a la del nivel del mar?

Las probabilidades de que esta persona sufra un “accidente por descompresión” son considerables, debido a que la presión circundante en un avión haría que el nitrógeno que estaba disuelto en su sangre y tejidos forme burbujas, las cuales se convierten en tapones en el torrente sanguíneo causando graves lesiones en el cuerpo del buzo.

Es por esta razón por la que el día que se practica buceo (no afecta si realizamos snorkel), debemos abstenernos de tomar un avión o sujetarnos a cambios de altitud superiores a los 300 metros. Lo ideal es esperar al día siguiente para dar tiempo a que nuestro cuerpo libere, gradual y ordenadamente, el nitrógeno residual acumulado durante la inmersión.

Lo opuesto, es decir, volar e inmediatamente bucear, sí es posible, ya que el cuerpo viene de un ambiente de menor presión (el avión) al nivel del mar y por tanto está libre de residuo y puede ser sometido a incrementos en la presión ambiental sin problema alguno.

Muchas gracias Beatriz G.S. por hacerme pensar un día más y no dejar que me acostara sin saber algo nuevo.




lunes, 5 de julio de 2010

Las ostras: Curiosas fabricantes de perlas

lunes, 5 de julio de 2010
Entre los moluscos, rama del reino animal compuesta por los invertebrados de cuerpo blando, figura la clase de los lamelibranquios. En este grupo de felices habitantes del mar se encuentran, entre otros, las vieiras, almejas, mejillones y por supuesto, las ostras. Concretamente una especie de éstas últimas, la madreperla, que se cría en los mares cálidos de Oceanía, es capaz de producir las verdaderas perlas naturales que se pueden admirar en los escaparates de las joyerías.

El curioso proceso de fabricación sigue siempre el mismo camino, que empieza cuando un cuerpo extraño, como puede ser un simple grano de arena o cualquier tipo de parásito, se introduce entre la concha y el manto (la membrana carnosa que envuelve las visceras del molusco) de la ostra. Este intruso, simplemente por su colocación y peso, comienza involuntariamente a desgarrar el tejido, lo que hace que la ostra comience su mecanismo de defensa. Este mecanismo consiste en intentar envolver al cuerpo extraño con una sustancia llamada nácar, mezcla de cristales de carbonato de calcio y una proteína llamada conchiolina. Poco a poco, irá depositando alrededor del núcleo con el parásito, sucesivas capas concéntricas formando así la tan ansiada perla.

Hay que mencionar que este proceso es lento y, además, es complicado encontrarnos en la naturaleza con una laboriosa madreperla que pudiera satisfacer los sueños emperlados de una dama.

Afortunadamente, un científico japonés, inventó una técnica de producción industrial de perlas. El principio consiste en introducir en la madreperla fragmentos de nácar ya revestidos de restos del manto de otra ostra, un método mucho más rentable que la búsqueda de perlas finas totalmente naturales.

Aún así, esta intrusión forzosa no funciona al 100%, ya que sólo el 60% de las ostras aceptan cultivar la perla artificial. Y del total producido, sólo el 2% o el 3% producen una perla de calidad tras tres o cuatro años de esfuerzo.

Como última curiosidad, otros moluscos lamelibranquios, como el mejillón perlífero, también pueden producir perlas que incluso fueron muy utilizadas durante mucho tiempo para piezas de las coronas de soberanos de toda Europa.

En nuestro mar mediterráneo, también contamos con un gran molusco, la perna, capaz de producir perlas de varios colores (rojas, negras, amarillas), pero según los especialistas, es muy raro encontrar actualmente pernas que produzcan perlas y, para colmo, parece que estas perlas se estropean rápidamente.

Actualmente, las perlas no tienen tanto valor monetario como en épocas pasadas, principalmente debido a que la mayoría de ellas son cultivadas, lo que las ha devaluado por aumento en la oferta.

Fuentes:



 
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