jueves, 27 de mayo de 2010

Origen de las expresiones (II)

jueves, 27 de mayo de 2010
Pasarse de la raya

Esta expresión se remonta a los inicios del boxeo, cuando en vez de cuadrilatero, los dos contrincantes se colocaban a cada lado de una raya trazada en el suelo. Era una pelea muy estática ya que ambos debían tener un pie sobre la marca de tiza y, si alguno de los boxeadores sobrepasaba esa raya, se le daba la pelea como perdida. Existía otra modalidad más simple en el que ambos boxeadores peleaban dentro de un círculo pintado también con tiza o formado por los propios espectadores.


Mandar al carajo

Se llamaba carajo a la canastilla de observación que existía en lo alto de los mástiles de las antiguas carabelas Españolas donde los vigías divisaban el horizonte en busca de tierra. Un marinero que permanecía allí varias horas normalmente acababa atormentado por lo que "se mandaba al carajo" como castigo a aquellos que cometían alguna infracción a bordo.


Irse por los cerros de Úbeda

Este popular dicho tiene su origen en la reconquista de la ciudad jienense de Úbeda, en 1233. Uno de los capitanes importantes del rey Fernando III el Santo, Álvar Fáñez (el Mozo), desapareció misteriosamente instantes antes de comenzar la batalla y se presentó en la ciudad una vez terminada la reconquista. Al ser preguntado por el rey sobre su paradero, él contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda. La frase fue acogida irónicamente por los cortesanos, ya que los cerros no son lo suficientemente grandes para justificar el extravío y se perpetuó en signo de cobardía. Actualmente se usa cuando alguien interviene en una conversación con algo que no tiene nada que ver con lo que se está hablando


Que no te la den con queso

Durante la Edad media, los taberneros españoles iban a la zona de La Mancha para comprar vino. Para ello, cataban el vino y se llevaban las mejores cosechas. Los bodegueros, para evitar que cosechas peores quedaran sin vender, ofrecían antes de la degustación un poco de queso manchego, de tal forma que el fuerte sabor de éste hacía que el vino no fuera debidamente catado porque tenían el paladar corrompido por el queso, consiguiendo así dar salida a los peores vinos. Por lo tanto, es por esta razón que esta expresión se utiliza en la actualidad para prevenir a alguien de ser engañado.

Morder el polvo

Los caballeros de la Edad Media, cuando se encontraban mortalmente heridos, tomaban un puñado de tierra y lo mordían, como beso postrero de respeto y despedida de la madre Tierra. Este ritual dio lugar a esta expresión que equivale a humillarse o darse por vencido



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